Si yo fuera deportista en el Chocó, me levantaría cada día
con un sueño: demostrar que, a pesar de las dificultades, todo es posible con
esfuerzo, disciplina y corazón. En un lugar donde muchas veces faltan canchas
adecuadas, implementos deportivos o apoyo suficiente, haría del coraje mi motor
y de la esperanza mi compañera.
Entrenaría con lo que tengo, sin excusas, sabiendo que el
verdadero valor no está en los lujos, sino en la voluntad. Porque en el Chocó
hay talento en cada rincón: en las comunas, en los corregimientos, en los
resguardos indígenas. Niños, jóvenes y adultos que corren, saltan, nadan y
juegan con pasión, soñando con llegar lejos.
Si yo fuera deportista en el Chocó, llevaría con orgullo mi
identidad: el ritmo del tambor, el sabor del río, la fuerza de mis raíces. No
solo competiría por mí, sino por mi familia, mi comunidad, por todos aquellos
que alguna vez fueron invisibles pero que hoy levantan la voz a través del
deporte.
Ser deportista aquí es resistir y avanzar, incluso cuando el
camino es duro. Pero también es aprender a trabajar en equipo, a levantarse
después de una caída, a soñar en grande. Porque el deporte, más que un juego,
es una forma de vida, una herramienta para unirnos, para alejarnos de la
violencia, para construir un mejor futuro.
Si yo fuera deportista en el Chocó, sabría que no estoy
solo. Que somos muchos los que, desde cualquier rincón, seguimos corriendo tras
nuestros sueños.
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