jueves, 27 de noviembre de 2025

ENTRE LA INTERVENCIÓN Y LA ESPERANZA: EL SAN FRANCISCO DE ASÍS EN OTRA ENCRUCIJADA


En Quibdó, hablar del Hospital Departamental San Francisco de Asís no es hablar de un edificio: es hablar de la posibilidad o la ausencia de atención digna cuando la vida se pone en juego. Por eso, cuando se anuncia una intervención forzosa de la Superintendencia Nacional de Salud, el debate se enciende de inmediato: unos respiran con alivio porque “alguien por fin pone orden”; otros sienten temor porque “otra vez comienzan los cambios, los rumores y la incertidumbre”.

El contexto importa. La Supersalud ya había intervenido el hospital en 2020, y en febrero de 2025 se informó el levantamiento de esa medida, dejando al hospital bajo vigilancia especial por un año.

 Ese antecedente muestra dos realidades simultáneas: que el Estado sí puede entrar a corregir fallas graves, pero también que la estabilidad no se logra con un acto administrativo, sino con gestión sostenida, recursos y transparencia.

A esto se suman señales recientes de presión asistencial. En noviembre de 2025 se reportó una sobreocupación crítica que afectaba la prestación oportuna del servicio.

 Y cuando un hospital opera desbordado, la discusión deja de ser técnica y se vuelve humana: filas interminables, personal agotado, pacientes esperando lo que no debería esperar.

Intervenir, entonces, no puede traducirse en “borrón y cuenta nueva”. La primera obligación debe ser continuidad: urgencias funcionando, referencia y contrarreferencia claras, pagos al talento humano y abastecimiento de insumos esenciales. La medida solo tiene sentido si se vuelve un plan público con metas verificables: tiempos de atención, recuperación de cartera, contratación, medicamentos, mantenimiento, seguridad del paciente y, sobre todo, humanización.

También es clave separar hechos de rumores. Ha circulado la idea de que “remanentes” de una entidad liquidada podrían trasladarse automáticamente para salvar la operación de la Nueva ESE. Un comunicado recordó algo básico: la ESE liquidada (remanentes) y la Nueva ESE son personas jurídicas distintas, y sus recursos no se pueden “cruzar” libremente.

 Además, el mismo texto señala que los recursos recuperados por la entidad liquidada tienen destinación específica (pago de acreedores reconocidos y contingencias judiciales), es decir, no son una “bolsa libre” para resolver problemas actuales de otra persona jurídica.

 Incluso advierte que modificar arbitrariamente esa destinación puede acarrear responsabilidades, mencionando el prevaricato por acción.

Entonces, ¿qué debería exigir Quibdó en esta etapa? Tres cosas: verdad, resultados y participación. Verdad para saber qué se encontró y qué se va a corregir. Resultados para que la intervención se mida en lo que importa: menos espera, mejor trato, insumos completos y personal con estabilidad. Y participación para que usuarios, veedurías, academia y trabajadores tengan canales de seguimiento: informes periódicos, indicadores de oportunidad y calidad, y contratación abierta al escrutinio.

El San Francisco de Asís no necesita “salvadores” de turno. Necesita un acuerdo serio: finanzas claras, talento humano protegido, gestión clínica fuerte y una gobernanza que rinda cuentas. Porque en Chocó, cuando el hospital tiembla, tiembla el derecho a la vida.


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