jueves, 9 de abril de 2026

LA FORMACIÓN DEPORTIVA EN EL CHOCÓ: UN LLAMADO AL RECONOCIMIENTO



En el Chocó, formarse como docente o entrenador deportivo no es un camino sencillo. Detrás de cada profesional hay años de estudio, esfuerzo personal y, sobre todo, una profunda vocación de servicio. Muchos se han formado en la Universidad Tecnológica del Chocó; otros han buscado oportunidades fuera del departamento, enfrentando limitaciones económicas y sociales para cualificarse. Todos comparten algo en común: han apostado por la educación como base para transformar realidades.

Sin embargo, hoy surge una inquietud que merece ser discutida con seriedad: ¿qué valor tiene la formación universitaria si, al momento de ejercer, se exige nuevamente certificarse para validar competencias ya adquiridas?

En los últimos años, se ha vuelto frecuente la exigencia de cursos adicionales, certificaciones de corta duración o avales expedidos por entidades privadas para desempeñarse en el ámbito deportivo. Esta situación, lejos de fortalecer el sector, genera duplicidad en la validación de conocimientos y termina deslegitimando los procesos formativos desarrollados por las universidades.

Un profesional del deporte no solo recibe formación técnica. En el contexto del Chocó, aprende a trabajar en medio de dificultades, a formar sin recursos, a liderar procesos comunitarios y a acompañar a niños y jóvenes que encuentran en el deporte una oportunidad de vida. Esta formación, que combina lo académico con lo humano, no puede ser reducida a la exigencia de un certificado adicional de pocas horas.

No se trata de desconocer la importancia de la actualización permanente. La formación continua es necesaria en cualquier disciplina. Pero otra cosa muy distinta es convertirla en un requisito obligatorio para ejercer, especialmente cuando se trata de profesionales que ya cuentan con títulos otorgados por instituciones reconocidas y reguladas por el Estado colombiano.

También resulta preocupante que, en algunos casos, sean actores privados quienes definan quién tiene las competencias para ejercer como entrenador o gestor deportivo. Esto plantea un debate de fondo sobre la legitimidad de dichas decisiones y sobre el papel de las universidades como garantes de la formación profesional. En un Estado de derecho, la educación superior no puede ser subordinada a validaciones externas sin un marco claro y concertado.

En el Chocó, esta situación tiene implicaciones profundas. Aquí, el deporte cumple una función social que trasciende lo competitivo: es una herramienta de inclusión, prevención y construcción de tejido social. Limitar el ejercicio de entrenadores y docentes mediante requisitos adicionales no solo afecta a los profesionales, sino también a las comunidades que dependen de estos procesos.

Por ello, es necesario abrir un diálogo serio y constructivo entre el Estado, las universidades y los actores del sistema deportivo. Se requiere reconocer la formación académica como base legítima del ejercicio profesional, establecer reglas claras sobre la certificación de competencias y evitar cargas innecesarias que debiliten el sector.

El llamado es a la reflexión colectiva. A defender el valor de la educación. A reconocer que, en territorios como el Chocó, formar, enseñar y entrenar es mucho más que una profesión: es un compromiso con la vida.


jueves, 27 de noviembre de 2025

ENTRE LA INTERVENCIÓN Y LA ESPERANZA: EL SAN FRANCISCO DE ASÍS EN OTRA ENCRUCIJADA


En Quibdó, hablar del Hospital Departamental San Francisco de Asís no es hablar de un edificio: es hablar de la posibilidad o la ausencia de atención digna cuando la vida se pone en juego. Por eso, cuando se anuncia una intervención forzosa de la Superintendencia Nacional de Salud, el debate se enciende de inmediato: unos respiran con alivio porque “alguien por fin pone orden”; otros sienten temor porque “otra vez comienzan los cambios, los rumores y la incertidumbre”.

El contexto importa. La Supersalud ya había intervenido el hospital en 2020, y en febrero de 2025 se informó el levantamiento de esa medida, dejando al hospital bajo vigilancia especial por un año.

 Ese antecedente muestra dos realidades simultáneas: que el Estado sí puede entrar a corregir fallas graves, pero también que la estabilidad no se logra con un acto administrativo, sino con gestión sostenida, recursos y transparencia.

A esto se suman señales recientes de presión asistencial. En noviembre de 2025 se reportó una sobreocupación crítica que afectaba la prestación oportuna del servicio.

 Y cuando un hospital opera desbordado, la discusión deja de ser técnica y se vuelve humana: filas interminables, personal agotado, pacientes esperando lo que no debería esperar.

Intervenir, entonces, no puede traducirse en “borrón y cuenta nueva”. La primera obligación debe ser continuidad: urgencias funcionando, referencia y contrarreferencia claras, pagos al talento humano y abastecimiento de insumos esenciales. La medida solo tiene sentido si se vuelve un plan público con metas verificables: tiempos de atención, recuperación de cartera, contratación, medicamentos, mantenimiento, seguridad del paciente y, sobre todo, humanización.

También es clave separar hechos de rumores. Ha circulado la idea de que “remanentes” de una entidad liquidada podrían trasladarse automáticamente para salvar la operación de la Nueva ESE. Un comunicado recordó algo básico: la ESE liquidada (remanentes) y la Nueva ESE son personas jurídicas distintas, y sus recursos no se pueden “cruzar” libremente.

 Además, el mismo texto señala que los recursos recuperados por la entidad liquidada tienen destinación específica (pago de acreedores reconocidos y contingencias judiciales), es decir, no son una “bolsa libre” para resolver problemas actuales de otra persona jurídica.

 Incluso advierte que modificar arbitrariamente esa destinación puede acarrear responsabilidades, mencionando el prevaricato por acción.

Entonces, ¿qué debería exigir Quibdó en esta etapa? Tres cosas: verdad, resultados y participación. Verdad para saber qué se encontró y qué se va a corregir. Resultados para que la intervención se mida en lo que importa: menos espera, mejor trato, insumos completos y personal con estabilidad. Y participación para que usuarios, veedurías, academia y trabajadores tengan canales de seguimiento: informes periódicos, indicadores de oportunidad y calidad, y contratación abierta al escrutinio.

El San Francisco de Asís no necesita “salvadores” de turno. Necesita un acuerdo serio: finanzas claras, talento humano protegido, gestión clínica fuerte y una gobernanza que rinda cuentas. Porque en Chocó, cuando el hospital tiembla, tiembla el derecho a la vida.


viernes, 26 de septiembre de 2025

SAN PACHO: TRADICIÓN, CULTURA Y SALUD EN MOVIMIENTO

 


 


En Quibdó, las Fiestas de San Pacho, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, son mucho más que comparsas y devoción franciscana: también son un escenario de actividad física, salud y bienestar comunitario.

Durante estas celebraciones, miles de personas participan en desfiles, bailes y recorridos que, sin proponérselo, cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS): actividad aeróbica moderada y vigorosa, fortalecimiento muscular y ejercicios que mejoran el equilibrio y la coordinación.

Quibdó, capital del Chocó, vive por estos días sus fiestas más tradicionales y concurridas. Pero la pregunta es: ¿está usted preparado para meterse un bunde?

Cada recorrido por los barrios franciscanos abarca cerca de 6 kilómetros diarios y las festividades duran 17 días, del 19 de septiembre al 5 de octubre. En total, un sanpachero activo puede recorrer más de 100 kilómetros entre música, cultura y tradición.

Más allá de la alegría, estos recorridos ayudan a: Prevenir enfermedades no transmisibles, Mejorar la salud mental, Fortalecer huesos y músculos.

Es cierto que muchos disfrutan la fiesta acompañada de licor y amigos, pero otro buen número de participantes ve en San Pacho una oportunidad para mejorar sus condiciones físicas. Y es que la OMS promueve la actividad física como un hábito de salud global; en Quibdó, esta se materializa de manera cultural, alegre y espontánea.

Los beneficios son claros: el baile fortalece el corazón, los recorridos ayudan al control del peso corporal, y la participación colectiva reduce el estrés, la ansiedad y la depresión. Además, la unión comunitaria fortalece la identidad y la pertenencia, determinantes sociales fundamentales para la salud.

De esta forma, las Fiestas de San Pacho no solo preservan la tradición afrodescendiente del Chocó, sino que también se constituyen en una estrategia natural de promoción de la salud comunitaria, donde la cultura, la religión y la actividad física convergen para celebrar la vida.

miércoles, 21 de mayo de 2025

"EL DEPORTE AFROCOLOMBIANO: IDENTIDAD, RESISTENCIA Y DERECHO"


 

El deporte ha sido históricamente un espacio de resistencia, identidad y superación para las comunidades afrocolombianas. Más allá de la actividad física, representa un medio para fortalecer valores, recuperar la cultura ancestral y garantizar derechos sociales, económicos y culturales. En Colombia, el marco jurídico especialmente la Ley 70 de 1993 reconoce a las comunidades afrodescendientes como sujetos colectivos de derechos, lo que incluye el acceso y promoción del deporte y la recreación como parte integral de su desarrollo.

1. Deporte afrocolombiano: más que competencia, una expresión cultural

Los pueblos afrocolombianos han desarrollado prácticas deportivas y recreativas que combinan tradición, resistencia y orgullo étnico. Desde juegos autóctonos hasta disciplinas contemporáneas como el atletismo, el boxeo, el fútbol y el baloncesto, los deportistas afro han representado con excelencia a Colombia en escenarios nacionales e internacionales. Sin embargo, muchas veces esta visibilidad contrasta con la falta de inversión, reconocimiento y política pública efectiva en sus territorios.

2. La Ley 70 de 1993 y el derecho al deporte

La Ley 70 de 1993 —también conocida como Ley de comunidades negras— garantiza el derecho a conservar sus prácticas culturales, educativas y sociales, y establece, en su Capítulo V, que el Estado debe promover políticas diferenciadas para el desarrollo integral de estas comunidades. Esto incluye el deporte como herramienta de integración, formación, preservación de la identidad y prevención de riesgos sociales como la violencia y el reclutamiento.

3. Otras normas que respaldan el deporte étnico

Además de la Ley 70, la Constitución Política de 1991 (artículo 52) reconoce el derecho de todos los colombianos al deporte y la recreación. La Ley 181 de 1995 (Ley del Deporte) y la Ley 1346 de 2009 (que aprueba la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad) también promueven la participación equitativa de grupos étnicos y poblacionales vulnerables en programas deportivos.

 

De igual forma, el Plan Nacional de Desarrollo y los planes territoriales deben contener acciones afirmativas orientadas a fortalecer las capacidades físicas y organizativas de los pueblos afrocolombianos en el ámbito deportivo.

 

jueves, 15 de mayo de 2025

EL DEPORTE DE QUIBDÓ DEBE PASAR DE LAS QUEJAS A LAS PROPUESTAS

 

En las calles, parques y escenarios deportivos de Quibdó, las voces de inconformidad son una constante. Padres de familia, entrenadores, deportistas y líderes comunitarios expresan, con justa razón, el abandono histórico en el que se encuentra el deporte en nuestra ciudad. Escenarios deportivos deteriorados, falta de recursos, olvido institucional, improvisación en las escuelas de formación y el desencanto de quienes, por años, han visto frustrados sus sueños deportivos.

Pero ha llegado el momento de cambiar el enfoque. Las quejas, aunque necesarias para visibilizar los problemas, no transforman realidades por sí solas. El deporte de Quibdó necesita pasar del reclamo pasivo a la construcción colectiva de propuestas serias, realistas y viables.

Proponer implica organizarnos como comunidad deportiva, generar espacios de diálogo, construir diagnósticos participativos y presentar alternativas concretas ante las instituciones. Es necesario que entrenadores, clubes, ligas, comités barriales, juntas de acción comunal y actores sociales se articulen para pensar juntos la hoja de ruta del deporte quibdoseño.

Quibdó necesita una política pública deportiva que no solo contemple la construcción o mejoramiento de escenarios, sino que promueva la formación integral, la recreación, el deporte comunitario, el alto rendimiento y la gestión deportiva con enfoque diferencial e inclusivo.

Nuestras exigencias deben ir acompañadas de propuestas organizadas y sustentadas. No basta con decir lo que no hay; es fundamental mostrar cómo podemos construir, desde nuestras capacidades locales, el deporte que soñamos para Quibdó.

El deporte debe ser visto como una herramienta poderosa para transformar vidas, fortalecer el tejido social, prevenir violencias y generar oportunidades de desarrollo. Por eso, es momento de asumir el reto como ciudadanos, deportistas, líderes y gestores, para dejar de lado la queja estéril y pasar a la acción propositiva.

El futuro del deporte en Quibdó no puede seguir dependiendo solo de promesas políticas. Debe ser construido desde la base, con participación ciudadana, con propuestas claras, con planificación, con gestión y con la convicción de que el deporte es un derecho, no un favor.

El balón está en nuestra cancha. ¿Nos atrevemos a jugar este partido por el futuro del deporte en Quibdó?

 

lunes, 12 de mayo de 2025

¿CÓMO SER UN BUEN LÍDER POLÍTICO EN EL DEPARTAMENTO DEL CHOCÓ?

 

En un contexto de desafíos históricos, como los que enfrenta el departamento del Chocó, ser un buen líder político no es simplemente ocupar un cargo de elección, sino ejercer un liderazgo consciente, ético y transformador. Esto exige competencias, actitudes y acciones específicas que van más allá de las promesas y los discursos.

Desde una perspectiva técnica, un liderazgo político efectivo en el Chocó debe integrar cinco componentes estratégicos:

  • ·       Liderazgo basado en la ética pública y la transparencia

Un líder político chocoano debe practicar la ética como principio rector de su actuar. Esto implica rendición de cuentas permanente, acceso a la información pública, combate frontal a la corrupción y coherencia entre el discurso y la acción.

  • ·       Capacidad de planificación estratégica territorial

El líder debe tener visión de mediano y largo plazo, soportada en diagnósticos serios, participativos y basados en evidencia. La planeación debe ser integral, considerando dimensiones económicas, sociales, ambientales y culturales, siempre con enfoque diferencial y de inclusión.

  • ·       Gestión de alianzas y gobernanza participativa

En territorios como el Chocó, donde convergen comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas y urbanas, el liderazgo político debe promover la articulación entre actores sociales, productivos, comunitarios, académicos y gubernamentales, garantizando escenarios efectivos de participación.

  • ·       Innovación en la gestión pública

Se requiere líderes que impulsen modelos innovadores de gobierno, aprovechando las tecnologías de la información, nuevas metodologías de gestión pública orientadas a resultados y a la eficiencia administrativa, incorporando además enfoques de sostenibilidad y economía circular.

  • ·       Compromiso con la construcción de paz y la equidad social

Finalmente, el liderazgo político chocoano debe tener una orientación decidida hacia la paz territorial, la reconciliación, la equidad de género, el cierre de brechas históricas y la generación de oportunidades para jóvenes, mujeres, niños y comunidades rurales apartadas.

En definitiva, el Chocó necesita líderes que entiendan que gobernar es servir, y que el liderazgo no se mide por el poder que se ejerce, sino por las transformaciones sociales que se impulsan.

domingo, 4 de mayo de 2025

LOS CLUBES DEPORTIVOS MOTORES DE ESPERANZA Y DESARROLLO EN EL CHOCÓ

 

En el corazón del Chocó, donde la juventud desborda energía, talento y ganas de salir adelante, los clubes deportivos se están convirtiendo en faros de esperanza. Aunque muchas veces operan con escasos recursos y en escenarios deteriorados, su labor es invaluable para construir comunidad, formar ciudadanos y alejar a nuestros niños y jóvenes de los caminos equivocados.

Un club deportivo no es solo un equipo que compite. Es una escuela de vida. Enseña disciplina, trabajo en equipo, respeto, constancia y amor por lo que se hace. En barrios, corregimientos y resguardos del departamento, hay líderes comunitarios que, sin esperar nada a cambio, dirigen entrenamientos, organizan torneos y gestionan uniformes y balones con esfuerzo y corazón.

Pero estos clubes no pueden seguir solos. Necesitan apoyo real, acompañamiento institucional y reconocimiento. La ley colombiana permite que cualquier grupo de ciudadanos se organice como club deportivo sin ánimo de lucro, solicite su personería jurídica y reciba apoyo del Estado. Sin embargo, en muchas zonas del Chocó, esta información no llega y los trámites se vuelven obstáculos.

Desde este espacio, hacemos un llamado a las alcaldías, al Instituto de Deportes del Chocó (INDECHO), a las universidades y al mismo Ministerio del Deporte: los clubes deportivos son la puerta de entrada para transformar el presente y futuro de nuestra región. Capacitar a sus dirigentes, ayudar en la legalización de sus organizaciones y garantizar escenarios adecuados no es un favor, es una deuda social.

Además, invitamos a las empresas chocoanas y nacionales a que adopten un club, patrocinen una escuela deportiva o donen implementos. El deporte es una inversión con retorno seguro: niños felices, jóvenes ocupados, menos violencia, más salud y una sociedad más fuerte.

Es hora de entender que apoyar un club deportivo en el Chocó no es solo promover el deporte, es construir paz.